jueves, 26 de noviembre de 2009

~ El Soldado y la Bailarina, IX ~

IX

No queria abrir los ojos y enfrentarse a la realidad, deseaba quedarse ahi, no saber nada de nada, pero un aroma la hizo volver en sí y alejarse de aquel efluvio fuerte. Sintió voces a su alrededor, pero no comprendia nada, se encontraba como aletargada, en medio de una pesadilla.

-¡Está volviendo!- Exclamó una voz aguda, de mujer pudo percibir.

-Estará con nosotros en unos minutos como mucho- Comentó una voz masculina, ¿quienes eran aquellas personas? se preguntaba Elizabeth en su fuero interno. Volvieron a acercar a su nariz aquella especie de algodón imprenado de ese asqueroso olor, invadiendola una náusea que la hizo volver completamente en sí.

-¡Al fin despiertas!- Comentó con alivio Daphnée, Elizabeth la miró con el ceño fruncido, ¿qué habia pasado? Luego las memorias se hicieron presentes. Aquel joven soldado en su puerta, ella gritando y luego, nada. Miró con desesperación a su alrededor hasta que encontró a aquel joven, mirandolo suplicante.

-Señorita Elizabeth, tranquilicese por favor- Le pidió él mientras se acercaba lentamente a ella y se sentaba a su lado- Lamento haberme presentado de aquella manera, pero no le traigo malas noticias, del todo...

-¿Qué pasa con Nicholas? ¿Acaso está...?

-No, no... Él está vivo... Fue herido hace unas semanas... Su estado es grave, lo hemos trasladado de vuelta al pais...

-¿Donde está? Quiero verlo...- Lo interrumpió ella, exigiendolo.

-Como le he dicho, no se encuentra del todo bien... Y en su estado...- Comentó indicando el vientre abultado de Elizabeth- No sé si será recomendable que se exponga a emociones fuertes...

-He dicho que quiero ver a Nicholas, ¿No quedó suficientemente claro?- Siseó ella poniendose de pie, con las manos en las caderas. Finalmente el soldado suspiro, sabiendo que aquella batalla estaba perdida, asintió.- Iremos ahora mismo, usted tendrá la amabilidad de acompañarnos.- Intimidado el joven, no tuvo otra opción que volver a asentir.

~ ~

Se demoraron un tiempo que fue indeterminado para Elizabeth en llegar al hospital en donde estaba su novio. Se retorcia las manos, nerviosa, esperando a ver a su amado. En cuanto llegaron siguió al soldado por unos pasillos hasta llegar a varias puertas que ahí habian.

-Tendrán que esperar aqui... Primero tengo que hablar con...

-Qué esperar ni que nada, quiero ver a Nicholas ahora mismo- Exclamó en voz alta ella.

-Señorita, primero tengo que...

-¡He dicho que ahora mismo!- Volvió a gritar mientras que se acercaba al soldado y lo miraba furiosa. Una puerta se abrió y un joven médico salió.

-¿Qué sucede aqui? ¿Por qué tanto alboroto?- Preguntó con el ceño fruncido. Elizabeth se volvió hacia él y lo miró suplicante- ¿Quien es usted?- Preguntó el médico mirandola confundido.

-Mi nombre es Elizabeth O´connors, soy la prometida de Nicholas Smith y aquel soldado ha ido a mi casa a decirme que él estaba aqui, ahora quiero verlo- Explicó lentamente, como si hablara con un niño. Él la miró sorprendido para luego asentir.

-Antes, Señorita O´connors, me gustaria hablar unas palabras con usted, luego le prometo que dejaré entrar a que vea a su prometido- Pidió antes, llevandola hasta una pequeña oficina. Ella lo siguió, dejando a sus amigas atrás, aquello queria hacerlo sola.- Soy Andrew Thompson, médico del ejercito.- Se presentó, antes de aclararse la garganta y continuar.- Me sorprende verla aqui... No la esperabamos... Pero bueno, le contaré que ha sucedido. El capitán Smith iba a cargo de una tropa cabalgando, cuando una bala lo ha alcanzado... Cayó del caballo que montaba y resultó con multiples fracturas... Yo lo atendí en el campo de batalla y luego pedí que lo trasladaramos de vuelta... Su situación es grave... No ha vuelto a recuperar la conciencia salvo por breves periodos de tiempo en donde la busca.- Explicó en voz baja, mirandola atentamente. Ella sollozó, cubriendo su rostro con sus delicadas manos.

-Por favor, digame que es posible que vuelva...- Suplicó ella. Él se puso de pie y se acuclilló a su lado.

-No puedo prometer nada... Simplemente está en manos de Dios- Dijo en un susurro. Luego de eso la llevó hasta la habitación en donde estaba su prometido, ella no se fijó en nadie más, solo lo vió a él, recostado e inmovilizado, supuso que por las fracturas que habia sufrido. Caminó y en cuanto llegó a su lado, las lágrimas comenzaron a fluir por su rostro, temblorosa acarició su rostro y lo contempló en silencio, sentandose en una silla que ahí habia y tomando su mano.

-Oh Nicholas... Vuelve por favor... Te necesito tanto a mi lado- Murmuró tomando una de las manos de él y enterrando su rostro entre ellas. Desde aquel día no se movio de su lado, pasaron un par de dias y él no reaccionaba, pero ella no se daba por vencida, le hablaba y esperaba a que volviera.

Una noche se encotraba dormitando, con su mano entrelazada a la de él cuando Nicholas empezó a reaccionar de a poco. Abrió los ojos lentamente, quedando en un principio cegado ante la intensidad de la luz, para luego acostumbrarse. Intento moverse, pero algo se lo impidió y un dolor lo atravesó de pronto. Soltó un gemido de dolor y eso bastó para despertar a Elizabeth, quien se incorporó lentamente, mirandolo como si fuese un sueño.

-¿Nicholas?- Preguntó dudosa, creyendo que soñaba. Él al oir su voz giró la cabeza y la vió. Sonrió ligeramente.

-Beth, querida- Murmuró con una pequeña sonrisa. Ella murmuró algo entre dientes, dando las gracias a Dios o a quien fuera por que él haya vuelto en sí.- ¿Qué me sucedió?- Preguntó él. Elizabeth le contó lo que le habia pasado, como habia llegado hasta ahí y donde se encontraba en esos momentos. Tambien le contó con alegria que en esos momentos esperaba un hijo o hija, fruto del amor que se habian profesado entre ambos antes de que él se fuera. Primero reaccionó con sorpresa, para luego volver a sonreir, intentando incorporarse y ganandose otra punzada de dolor.

-Shh, tranquilo, iré a buscar a Andrew para decirle que has despertado- Lo tranquilizó ella, dandole un beso en la frente y encaminandose para buscar al médico, antes de desaparecer por completo se dió media vuelta con una sonrisa- Te amo- Dijo antes de desaparecer.

Safe Creative #0911265018207

lunes, 23 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, VIII ~

VIII

A pesar de todo lo que le habia pasado, Nicholas tenia suerte. A su lado se encontraba un joven médico, Andrew, que se habia hecho su amigo y lo estaba atendiendo. Si, estaba con vida, pero su lesión más las fracturas que habian sido provocadas por la caida del caballo eran lo suficientemente graves y estaba en una condición en donde cualquier desenlace podia ser posible. Habia hecho lo imposible por sacar aquella bala que se alojaba en el interior de él y curarlo lo mejor que en la escuela de medicina le habian enseñado, pero sabia que necesitaria atención más especializada, algo que no se daria en pleno campo de guerra.

Habló con sus superiores exponiendo que era necesario que el joven soldado fuera llevado de vuelta hasta su pais, ellos lo evaluaron, al ser Nicholas un soldado comprometido y eficiente, decidieron acceder, ya que perderlo era un desperdicio para el pais. Andrew embarcó en un par de días junto a Nicholas, quien seguia inconsciente. Lo que preocupaba al joven médico era que su amigo y paciente deliraba y tenia fiebre muy alta, aquello no era normal, algo no iba bien. Rogaba internamente que lograran llegar a tiempo, despues de todo aquel joven tenia muchos planes, entre ellos formar una familia, seria injusto que no lo lograra por no haber llegado a tiempo.

~ ~

No habia caso, era imposible hacer que Elizabeth comiera algo o durmiera. Se habia trasladado hasta el pequeño saloncito en donde podia tener rápido acceso a la puerta. Sus amigas estaban preocupadas e intentaban hacer hasta lo imposible por intentar animarla o sacarla de aquella especie de catatonia en la cual estaba sumida, pero nada cambiaba. Ella ya tenia cerca de siete meses y medio, y hacia un par de semanas habia pasado aquel incidente.

Como todos los días ella se encontraba frente a la ventana, media aletargada, cuando un golpe en la puerta la sobresaltó. Se levantó lo más rápido que su estado le permitia abriendo la puerta de un tirón. Quedó de una pieza al ver que era un joven con uniforme militar, este observó sorprendido su estado.

-¿Señorita Elizabeth O'Connors?- Preguntó él titubeante, ella palideció inmediatamente, asintiendo.- Como puede suponer quizás yo vengo de parte del ejercito y...

-No, por favor, digame que no es cierto- Lo interrumpió Elizabeth. Al oir su grito llegaron inmediatamente sus amigas a su lado.

-¿Qué sucede, Eli?- Preguntó Daphnée intentando abrazarla. La bailarina cayó de rodillas debido a un mareo que la invadió, luego todo se volvió negro y ya no supo nada más.


Safe Creative #0911234999223

domingo, 22 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, VII ~

VII

Tenia que compartir aquella alegria con alguien, sabia que obtendria el apoyo de sus amigas por lo cual un día en la tarde las invitó a tomar té. Estaba emocionada y sus amigas lo notaron al instante, pero no lograban adivinar por qué.

-Vamos Eli, dinos a que se debe esa sonrisa de felicidad que tienes, ¿es que acaso conociste a alguien?- Preguntó Anabelle, una hermosa francesa de cabellera color caoba, mirandola sonriente.

-¡Por supuesto que no, Belle! ¿Como osas decir eso? ¡Soy una mujer comprometida!- Exclamó Elizabeth restregandole el anillo en la cara en forma de broma.

-¿Entonces qué es?- Preguntó Daphnée quien era la hermana menor de Anabelle. Nuestra bailarina empezó a retorcerse las manos nerviosa. Sabia que sus amigas no la juzgarian y que la apoyarian, pero aún asi tenia miedo.- ¿Qué sucede, cariño? Te has puesto pálida... Vamos, sabes que puedes contar con nosotras, ¿cierto?- Volvió a preguntarle mientras le acariciaba el cabello de una manera maternal. Elizabeth suspiro cerrando los ojos para darse fuerzas.

-Estoy esperando un hijo de Nicholas- Murmuró bajito, sus amigas se tuvieron que inclinar para oirla bien. Silencio. Ella alzó la vista para encontrarse con la mirada de las dos mujeres, sin saber como interpretarlas.

-¿Estas completamente segura?- Preguntó Anabelle. Ella asintió.

-Lo comprobé hace unos dias atrás- Confirmó. Sus amigas la abrazaron, felices.

-¿Sabes que la gente hablará?- Preguntó luego Daphnée, tomando una de las manos de Elizabeth entre las de ella.

-Si, lo sé, pero no me importa, este bebé es fruto del amor que nos tenemos- Contestó con firmeza.

-Te apoyaremos en lo que sea, cariño, cuentas con nosotras... De hecho en este mismo momento iremos a casa a buscar nuestras cosas y nos quedaremos aqui hasta que llegue tu Romeo, ¿O crees que te dejaremos sola y en paz?- Dijo Anabelle con un tono que no admitia réplica. A Elizabeth no le quedó otra que sonreir y asentir, le haria bien un poco de compañia.- ¿Le enviarás una carta contandole las buenas nuevas?

-No, le mandaré una carta, si, pero no contandole, no es algo que podria decirle mediante una carta, cuando llegue lo verá por si mismo- Contestó ella serena antes de dirigirse a su escritorio y comenzar a escribir aquella misiva.

A medida que pasaban las semanas, su vientre crecia cada vez más y en el transcurso de ese tiempo habia recibido un par de cartas más de Nicholas comentandole que todo iba bien y con calma. Al no tener ya la misma habilidad que antes para danzar debido a su estado, dedicaba su tiempo libre a leer, mientras esperaba alguna noticia de su amor. Ya era un hábito el hecho de revisar siempre las bajas y cuando alguien tocaba la puerta, se levantaba rauda para ver quien era, sus amigas para aligerar la tensión solian bromear con que aún en ese estado, cada vez que se paraba hacia competencia con un resorte.

~ ~

Nicholas se encontraba dichoso cabalgando, con una de las tropas a su mando, mientras recordaba una carta que habia recibido de su prometida, cada vez que tenia un momento libre se sentaba y leia aquellas palabras que lo animaban y le daban fuerzas para seguir adelante, con ganas de volver. Se encontraba en ello, abstraido en su mundo que no escuchó los gritos de advertencia hasta que sintió una punzada en el bajo vientre. Sorprendido bajó la vista y vió como su ropa rápidamente tomaba un color rojo, entretanto el caballo por los fuertes ruidos comenzo a relinchar. Perdió el equilibrio y cayó de este bruscamente, sintiendo como un dolor lo atravesaba por completo. Lo ultimo que escuchó antes de caer en la negrura fue su nombre de manera lejana.

Elizabeth se encontraba con sus amigas comentando algunas novedades que habian en el teatro cuando una punzada la hizo doblarse en dos, un dolor profundo la atravesó sin razón aparente. Las chicas saltaron inmediatamente a su lado, preguntandoles qué pasaba, la recostaron en la cama, comprobando que todo estuviera bien y mientras una la calmaba, la otra le llevaba un agua con ázucar para que bebiera.

-¿Qué sucede, Eli?- Preguntó Daphnée dándole de beber de a pequeños sorbos.

-Nicholas- Susurró de pronto Elizabeth, poniendose de pie. Sus amigas la miraron confundida.

-¿Qué con él?

-Algo le ha sucedido, estoy segura- afirmó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Oh cariño, tranquila que él a de estar bien, ¿Por qué dices que algo le ha sucedido?- Preguntó Anabelle, abrazandola de manera delicada, mientras le acariciaba el abultado vientre el cual ya estaba completamente redondeado y asi tranquilizarla.

-Porque lo he sentido, ¡No estoy loca!- Exclamó bruscamente, separandose de su amiga y caminando con paso firme hacia su habitación, en donde se recostó en su cama y comenzó a sollozar, hasta que quedó sumida en un sueño intranquilo.

Safe Creative #0911224950142

sábado, 21 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, VI ~

VI

A partir de ese dia a Elizabeth las horas se le hacian interminables. Iba al estudio a ensayar sus rutinas y a enseñar a sus pequeñas pupilas, pero aún asi su mente estaba en otra parte, allá en donde Nicholas jugaba la vida por proteger a su pais. Cada tarde cuando volvia del trabajo escuchaba atenta la radio y revisaba las cartas y el periódico, viendo con el corazón encogido las bajas. Cuando se aseguraba que el nombre de él no aparecia volvia a respirar tranquila, rogando porque estuviera bien y lejos del peligro.

Por otra parte, Nicholas en el lugar en donde estaba apostado junto a las tropas cada noche se sentaba a contemplar las estrellas y pensar en su amada, el brillo de estas le recordaba su mirada radiante y sonreia, pensando en qué estaria haciendo. A la primera semana mando una carta para que asi ella supiera que estaba bien, sabia que tardaria pero al menos sabria algo de él.

Habian pasado ya poco más de un mes cuando una carta hizo que el corazón de Elizabeth diera un vuelco, era de él, de su querido novio. La abrió con manos temblorosas, leyendo con una media sonrisa cada palabra que él le dedicaba, al terminar de leerla un par de lágrimas se arrancaron de sus ojos mientras que una brisa alborotaba su cabello, con aquella brisa envio un beso con todo el amor que sentia por él, sabiendo que en el lugar que estuviera, él lo sentiria. Asi fue, en otro rincón él se encontraba en uno de los pocos momentos libres que tenian en el día antes de seguir avanzando, cuando sintió aquel beso que ella le habia enviado con tanto amor, volvió a sonreir posando sus dedos sobre sus labios y cerrando los ojos por unos segundos.

~ ~

Hacia varios dias que ella se sentia extraña, generalmente ella gozaba de una salud excelente y era algo que siempre le habia gustado pero ahora ultimo habia estado comiendo menos y con náuseas, no podia comprender qué podia ser. Tambien le habia pasado que ensayando se habia mareado y perdido el equilibrio, sus pequeñas pupilas se habian asustado un par de veces y se habia comenzado a preocupar, ¿qué era lo que le sucedia? Tomó una decisión, apenas saliera ese día del estudio de baile, se dirigiria a ver a un doctor que conocia hacia mucho tiempo, quizás él le pudiera decir qué era lo que le sucedia.

Tal y como habia decidido en cuanto terminó se encaminó a la consulta del médico y salió de este ensimismada, pensativa. No podia creer la conclusión a la que habia llegado el doctor, no era posible, ¿o si? Empezo a mirar hacia atrás, si aquello era cierto eso queria decir que esperaba un hijo de Nicholas... De pronto sonrió y de manera inconsciente llevo una de sus manos a su vientre. Caminó hasta su casa para sentarse afuera, la brisa la ayudaba a pensar. ¿Qué haria ahora? Queria a aquel pequeño que crecia en su interior, pero Nicholas no estaba ahí, con ella. Podia mandarle una carta, pero sabia que tardaria semanas en llegar, incluso meses, por lo cual solo le quedaba una opción, esperar. Suspiró mientras comenzaba a acariciar de manera inconsciente su vientre.

Safe Creative #0911224950098

~ El soldado y la Bailarina, V ~

V

Habian pasado unas semanas desde que ambos eran oficialmente pareja y eran felices como nunca antes lo habian sido. Un día se encontraban en la casa de Nicholas, escuchando un radioteatro cuando alguien tocó la puerta. Fruncieron el entrecejo y él se levantó para poder ver quien era. Al abrir la puerta se quedó congelado, era un mensajero del ejercito quien lo saludó como de costumbre al ver a alguien de rango superior, entregandole una misiva para luego despedirse con el mismo saludo marcial. Él respondió aquel gesto y cerró la puerta, mientras que abria aquella carta. Quedó paralizado ante lo que decia, solo mirando aquella carta.

Elizabeth se habia quedado en el sofá, esperando a que llegara su pareja, al ver que este tardaba en llegar se puso de pie y salió a buscarlo, no tuvo que caminar demasiado, lo vió de pie, en la puerta con una carta en las manos y la mirada fija en esta, se acercó sigilosamente y suavemente habló.

-¿Qué sucede, Nich?- Preguntó preocupada, él alzó la vista con tristeza.

-Me han llamado del ejercito, tengo que servir nuevamente al pais en la guerra que en estos momentos se desarrolla- Le comentó en voz baja, ella lo miró sin creer lo que él le decia.

-¿Tienes que ir?- Preguntó mirandolo con voz ahogada. Él asintió- ¿Cuando...?

-En tres dias más- Fue la respuesta de él, ella solo corrio hasta él, abrazándolo fuertemente y sollozando en su pecho.

-No quiero que te pase nada, quiero que vuelvas- Murmuró ella aferrandose a él, Nicholas la abrazó besando su coronilla.

-Tranquila, cariño, seria capaz de ir al infierno y volver si se trata de tí- Contestó él llevandola hasta el salón, ahí tomó una decisión, era algo que habia pensado hacia días atrás, pero que no habia tenido el valor de preguntarlo. Cuando Elizabeth se hubo tranquilizado él la sentó en el sillón y le sonrio apenas- Dame unos segundos, que volveré enseguida- Le pidió mientras rápidamente subia las escaleras y volvia en menos de un minuto para arrodillarse frente a ella.- Mi querida Beth... Para que veas que hablo en serio quiero pedirte algo... Para que sepas que volveré junto a tí... Por favor, ¿me harias el honor y la alegria de ser mi esposa?

Nuestra bailarina quedó impactada ante la petición, parpadeando sorprendida, ¿Lo decia en serio? Volvió a quedar sin palabras, sin saber qué responder al igual que aquella vez, la primera que se besaron. Sonrió y asintió con la cabeza.

-Por supuesto que sí- Respondió ella derramando lágrimas de felicidad. Él abrió la cajita que tenia en sus manos y de manera delicada le puso un anillo con una pequeña y sencilla piedra del color de los ojos de él, para luego depositar un beso en su mano.

-Con este anillo y por nuestro amor, Beth querida, te prometo que volveré a tí, cueste lo que me cueste y que apenas llegue de vuelta de aquel lugar al cual debo ir, me casaré contigo- Le prometió mirandola con el fervor de un devoto a su dios. Ella lo atrajo hacia si misma y lo besó, transmitiendole todo aquello que sentia y entregándose por completo a él.

Los tres días se cumplieron y ella lo acompañó hasta la base, en donde se embarcaria camino a la guerra, aquella guerra que robaba vidas, pidiendo internamente a su corazón que su amor volviera. Ahi se despidieron, guardando la esperanza de volver a verse en un futuro ojalá próximo para asi formar la familia que él habia prometido. Se besaron con pasión, pero no como una despedida, sino que con un hasta pronto, cuidate, volveré por tí. Elizabeth se quedó ahi, viendo como Nicholas desaparecia en aquel mar, sin despegar nunca su vista de él hasta que la embarcación se perdió de vista.

Safe Creative #0911224950104

jueves, 19 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, IV ~

IV

Después de que Elizabeth le contó la historia de su vida a Nicholas, la unión que habia entre ellos dos se fortaleció más de lo que imaginaron alguna vez. Él no dejó de ir a verla hasta que la temporada terminó y acostumbraban a salir siempre, se habian hecho grandes amigos y ya no habia ningún secreto entre ambos. Aquella relación la cual cada vez crecia más pronto se transformó en algo más fuerte, pero ninguno de los dos sentia el valor suficiente para dar el siguiente paso por el miedo a ser rechazado por el otro.

Aquella tarde caminaban por un pequeño parque cercano al hogar de Elizabeth cuando el crepúsculo los alcanzó. Ambos quedaron extasiados ante el espectáculo que les brindaba la naturaleza, sin darse cuenta se abrazaron sin dejar de contemplar aquella maravilla. Sus corazones dichosos empezaron a tamborilear en el pecho de ambos. Cuando aquel atardecer hubo dado fin se miraron a los ojos, conectados y sin darse cuenta, como si de dos fuerzas opuestas se tratase, se fueron acercando lentamente, él inclinó su cabeza y rozó los labios de ella mientras que como respuesta ella entrelazaba sus brazos en el cuello de él, poniendose en puntillas para acortar la pequeña distancia que los separaba.

Aquel beso fue mágico para ambos, sintieron como una corriente eléctrica los sacudia y era algo que les agradaba. Aquel beso les demostró a ambos que sus sentimientos eran correspondidos. Se separaron lentamente y se sonrieron mutuamente, eran felices y ambos lo demostraban por sus miradas brillantes. No supieron cuanto tiempo pasaron ahí, simplemente mirandose, sonriendose como un par de bobos, hasta que una brisa helada los trajo de nuevo a la realidad. Elizabeth rehuyó de la mirada de él, sonrojada, se habia dejado llevar, si.

-Beth- Murmuró Nicholas, asi la llamaba desde hacia unas semanas, un diminutivo que ella solo dejaba que él utilizara. Ella comenzó a caminar rápidamente, confundida.- Vamos Beth, esperame...- Le suplicó tomando suavemente uno de sus brazos, ella se detuvo bajando la mirada.- Si crees que esto fue un error perdoname por favor, pero quiero que sepas qué esto que siento por tí es más que una amistad...- Dijo mientras que alzaba delicadamente el rostro de ella, para contemplarla directamente a los ojos. Vió como ella lo miraba sorprendida para luego sonreir timidamente.

-¿Hablas en serio?- Preguntó titubeante, él asintió.

-Comprenderé si no sientes lo mismo...- Dijo rápidamente, ella negó, sin poder hablar.- ¿Es cierto entonces? ¿No sientes nada por mí?- Preguntó Nicholas con tristeza, ella volvió a negar, se habia quedado muda de la impresión por lo cual no encontró otra forma de transmitirle lo que sentia más que atrayendolo hasta ella y depositando un suave beso en los labios de él. Al principio abrió los ojos sorprendido, pero luego la atrajo hacia él para asi profundizar aquel beso. Cuando se separaron, él le sonrio.- Beth, mi querida bailarina, ¿me harias el honor de salir conmigo?- Preguntó nervioso. No necesito una respuesta, solo con ver su mirada brillante supo cual era. La atrajo contra él, abrazandola mientras sentia aquella felicidad que habia redescubierto aquel día en que la habia visto por primera vez.


Safe Creative #0911224950074

miércoles, 18 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, III ~

III

Cuando hubieron terminado de cenar, él la miró de manera intensa, sin borrar la sonrisa de su rostro, ella al percibir su mirada alzo la propia para encontrarse con aquellos ojos aguamarina, tan claros en esos momentos como el agua de un riachuelo. Se sonrojó al percibir aquella mirada, sonriendo timidamente.

-Bueno, te he contado mi historia, ¿cuando me concederás la felicidad de escuchar tú historia, querida Elizabeth?- Preguntó él. Ella suspiró largamente, su historia, no era alguna que la conocieran muchas personas, solo sus más cercanos y no completa, pero sentia que con aquel joven con quien compartia en esos momentos tenia algo especial, algo que la impulsó a contarle su pasado.

-Cuando era pequeña...

~ ~

Era una niña pequeña y menudita, de cinco años como mucho, aunque por su tamaño no lo pareciera, en esos momentos se encontraba en el salón de baile, contemplando extasiada a su madre danzar por el lugar, ensayando y enseñandole a ella los pasos básicos que debia aprender cualquiera que quisiese ser bailarina de ballet. La pequeña ponia todo su esfuerzo en ello, queria ser algún dia como su madre.

Cada noche después de los ensayos, sus padres la iban a arropar y para que ella se durmiera tranquila, su madre llevaba una pequeña cajita musical a la cual se le daba cuerda con una llave que custodiaba la pequeña Elizabeth desde que tenia memoria. Apenas sacaba la llave comenzaba a sonar una suave melodia, llenando el ambiente mientras que una pareja, una bailarina y su pareja danzaban girando al ritmo del acorde, asi ella lograba quedarse dormida, pensando en que algún día llegaria a ser como su madre y que encontraria a su pareja.

No habian pasado un par de años cuando la madre de Elizabeth comenzó a enfermar. La pequeña se quedaba con ella cuando podia y su padre la dejaba, habian palabras extrañas que ella no entendia, sabia que algo le pasaba a su madre, pero la palabra que escuchaba de los labios de los médicos no la comprendia, ellos decian algo de leucemia, ¿Qué era eso? ¿No habia cura para aquella cosa? ¿Por qué su madre cada vez estaba más débil? Tenia una imagen grabada en la mente, una noche, cuando se suponia dormia, se levantó al escuchar unos sollozos. Caminaba sigilosamente siguiendo aquel sonido, encontrandose en la puerta entreabierta de la habitación de sus padres. Ahí de pie se encontraba su padre y su madre sentada en la cama con su delicado rostro entre sus manos, pero eso no fue lo que la impactó, fue el hecho de que la hermosa cabellera de su madre, negra y sedosa en alguna ocasión, ya no existia. Su padre la abrazaba, murmurando que era lo mejor. Ella corrió de vuelta hasta su habitación, aterrorizada, ¿Qué habia pasado con el cabello de su madre? Desde ese día habia visto a su madre con la mirada apagada y con un pañuelo cubriendo su cabeza.

No duró mucho más, su madre cada vez estaba más débil hasta que un día ya no abrió más los ojos. Vió por primera vez a su padre quebrarse mientras que ella se abrazaba a su madre. Sollozando, pidiendole que volviera a abrir aquellos ojos tan similares a los suyos, mientras que su padre se abrazaba a ella murmurandole que ya no volveria.

~ ~

Una lágrima solitaria bajo por la mejilla de Elizabeth quien se encontraba sollozando.

-... Ese día me prometí a mi misma ser una bailarina exitosa, por mi madre... Sé que en el lugar que esté ella está orgullosa de mí...- Terminó ella, bajando la mirada. Nicholas la contemplaba con el corazón literalmente en sus manos, rodeó la mesa y se acuclilló a su lado, abrazándola. Ella se aferró a él y comenzó a botar todo aquello que sentia en ella, todo lo que estaba en su interior. Nunca habia compartido toda su historia con alguien, pero se sentia bien a pesar de todo, sentia que volvia a estar libre.

Safe Creative #0911224950159

martes, 17 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, II ~

II

Tal y como Nicholas habia prometido aquella noche, siguió asistiendo a cada una de las presentaciones de Elizabeth, cada noche despues de cada presentación, le llevaba una flor distinta. Algo iba naciendo entre ellos, pero aún ella no aceptaba salir con él. Esa noche él la esperaba como siempre despues de cada presentación en las afueras del teatro, con un nuevo ramo de flores, esta vez iris blancos. Ella no tardó en acercarse al joven con su paso ligero y una sonrisa en su rostro, como cada vez que lo veia.

-Son para usted, querida Elizabeth- Dijo él inclinando su cabeza para hacerle entrega del ramo. Ella las aceptó contemplandolas con ternura para luego mirarlo, agradeciendole sólo con la mirada, perdiéndose en la de él.- ¿Esta vez aceptará salir conmigo?- Preguntó nervioso. Elizabeth puso semblante pensativo, fingiendo estar concentrada.

-Creo que si, ha venido aqui por muchas semanas, casi un mes. Creo que merece una oportunidad. Aún no pierde la esperanza y yo no se la arrebataré- Contestó ella. Él sonrió aún más y en un impulso la abrazó delicadamente, aspirando su aroma dulce, más que el de aquellas flores que le llevaba a diario. Ella al principio se tensó, no era algo que esperara, pero luego correspondió el abrazo, sintiendo como lo corazón palpitaba hasta casi salirse de su interior. Luego de unos segundos, él se separó de la bailarina.

-Lo siento, ha sido un impulso que no he podido reprimir, le ruego que me disculpe- Pidió él tropezando literalmente con cada palabra.

-Descuide, no me ha molestado- Respondió ella. Ambos se pusieron en marcha, Elizabeth lo seguia a él. Caminaron durante unos minutos por las calles de Broadway hasta llegar a un pequeño pero elegante restaurant en el cual Nicholas tenia reservación desde el primer día en que la habia visto y le habia pedido salir. Ella se encontraba sorprendida al percatarse del detalle, cuando sintió la mano de él posada suavemente en su brazo, avanzó hasta llegar a un privado en el cual habia otro ramo de iris blancos esperando en la silla de ella. Las tomó delicadamente y lo miró intrigada.

-Los iris blancos significan esperanza- Le explicó con una sonrisa mientras la ayudaba a sentarse y la acomodaba en su lugar para luego sentarse frente a ella.- Algo que he sentido desde que la he visto por primera vez.- Luego de eso quedaron ambos en silencio, tan solo contemplandose mutuamente, ambos sonriendo hasta que su hechizo fue terminado por el maître. Hicieron su pedido y mientras esperaban a que este llegara ella habló.

-¿Por qué no me cuenta algo de usted?- Preguntó con una pequeña sonrisa y la curiosidad brillando en sus hermosos ojos negros. Él sonrió melancólico antes de responder.

-Mi nombre es Nicholas Smith, pertenesco al ejercito y la primera vez que la ví acababa de volver de una misión. Todo habia estado rodeado por muerte y desesperación y necesitaba algo que me volviera a alejar de aquel mundo, algo que me diera esperanza, ahi fue entonces cuando usted ha aparecido en el escenario y como por arte de magia todo lo que habia vivido desapareció, quedando solo el brillo de sus ojos.- Explicó transformando su sonrisa a una de ilusión.- Estoy seguro que usted ha de haber recibido cientos de invitaciones como esta y que muchos hombres deben haberle dicho lo mismo, pero todo lo que le he dicho es con sinceridad- Agregó él tomando delicadamente una de las manos de ella que reposaban en la mesa.

-Le pido por favor que deje de tratarme de usted, me hace sentir vieja- Respondió ella sonriendo al ver su mano envuelta en las de él- Quizás esto lo sorprenda, pero nunca en mi vida antes habia escuchado tales palabras, me siento honrada, alagada y no creo que yo sea capaz de expresar tanto.- No pudo seguir hablando ya que habia llegado el pedido de ambos, dedicandose a saborear los platos que tenian delante de ellos y a contemplarse con una que otra sonrisa fugaz.

Safe Creative #0911224950135

domingo, 15 de noviembre de 2009

~ El Soldado y la Bailarina, I ~

Chayanne - Tiempo de Vals

Tiempo de vals es el tiempo hacia atrás
donde hacer lo de siempre es volver a empezar
donde el mundo se para y te observa girar
es tiempo para amar

Tiempo de vals tiempo pare sentir
y decir sin hablar y escuchar sin oír
un silencio que rompe en el aire un violín
es tiempo de vivir

Bésame en tiempo de vals
un dos tres un dos tres
sin parar de bailar
haz que este tiempo de vals
un dos tres un dos tres
no termine jamas

Tiempo de vals tiempo para viajar
por encima del sol por debajo del mar
sin saber si te llevo o me dejo llevar
no es tiempo de verdad

Tiempo de vals tiempo para abrazar
la pasión que prefieres y hacerla girar
y elevarse violenta como un huracán
es tiempo en espiral

Bésame en tiempo de vals
un dos tres un dos tres
sin parar de bailar
Haz que este tiempo de vals
un dos tres un dos tres
no termine jamas

Bésame en tiempo de vals
un dos tres un dos tres
sin parar de bailar
Haz que este tiempo de vals
un dos tres un dos tres
no termine jamas...

Tiempo de vals que empleamos los dos
dibujando en el suelo de un viejo salón
con tres pasos de baile una historia de amor
es tiempo y es en fin
mi tiempo para ti.


El Soldado y la Bailarina

I

Era una bailarina de ballet destacada, tenia todo lo que habia soñado desde pequeña, reconocimiento, prestigio, trabajaba en un lugar ameno y con personas agradables, pero solo una cosa le faltaba, su corazón estaba aún incompleto, no habia conocido a su otra mirad y ansiaba poder hacerlo. Aquella noche de luna llena tenia una de sus presentaciones más importantes de la temporada.

Ya en el escenario, danzaba con todo el corazón, ligera como una pluma. Sus ojos de pronto se encontraron con los de un joven que se encontraba entre el público, por su vestuario dedució que trataba de un soldado, sólo fueron apenas unos segundos, pero la mirada de adoración con la cual él la observaba quedó en su mente y su corazón, internamente dedicó aquella danza a él.

Se preparaba para salir, ya habia culminado la presentación y todos volvian a sus hogares, ella suspiró mientras tomaba el bolsito en el cual llevaba sus prendas y pertenencias que usaba en el teatro y salió hacia la hermosa noche que se alzaba majestuosa, sintió unos pasos tras de ella, volteó para ver de quien se trataba y contempló tímida como aquel joven con quien su mirada se habia encontrado se acercaba hacia ella, en sus manos un hermoso ramo de azucenas* blancas.

-Disculpe señorita, por favor acepte este humilde presente en agradecimiento por el bello espectáculo que ha brindado- Dijo él con voz suave y grave, ella sonrió con modestia, aceptando aquellas hermosas flores.

-No ha debido molestarse, esto que hago es algo que me llena, me hace sentir bien- Contestó ella, oliendo el dulce perfume que desprendian aquellas hermosas flores.

-Espero no sonar descortés, mi nombre es Nicholas y me encantaria que me concedieras unos momentos de tú tiempo para conocerla, ¿señorita...?- Pidió algo timido, ella volvió a sonreir antes de responderle.

-Elizabeth, mi nombre es Elizabeth- Contestó para agregar- Creo que hoy no será posible, despues de todo apenas nos conocemos...

-Por supuesto, tiene razón, pues entonces seguiré viniendo a sus presentaciones que por lo demás siento que me llenan- Aceptó él con una inclinación de cabeza para luego tomar una de las manos de la joven y besarla suavemente. Ella se sonrojó contemplando anonadada el gesto y posteriormente sus ojos tan transparentes, por unos momentos se volvió a perder en su mirada para finalmente despedirse, volviendo a su hogar con andar danzarín mientras aquel joven la contemplaba ensimismado.

*Las azucenas significan Corazón y espíritu inocente, pudor y la delicadeza.

Safe Creative #0911224950081

sábado, 14 de noviembre de 2009

~El Vuelo de una mariposa~


~El Vuelo de una mariposa~

Una mariposa vuela libre, sin ataduras, llendo donde quiera, ¿Por qué no podemos ser como ella? Estamos atados a las normas, las reglas, lo que es correcto, lo que se verá bien, pero finalmente terminaremos esclavos de una monotonía diaria, eterna. Si tan slo recordaramos el vuelo simple y libre de una mariposa, podriamos volver a ser nosotros mismos.


Safe Creative #0911224950067

jueves, 5 de noviembre de 2009

~Simplezas~





~Simplezas~

Camino por las calles sin un rumbo fijo, tan solo siguiendo (o intentando) el hilo de mis pensamientos. De pronto algo llama mi atención, es una flor, pero no es cualquier flor, está ahí por algo, para mí. La contemplo anonadada, es simplemente perfecta, única. Brilla capturando los rayos del sol y danza con el viento, sonrio antes de continuar con mi camino y con aquella flor, tan simple para algunos, en mi cabeza.

Safe Creative #0911224950128

Safe Creative #0911224950128

miércoles, 4 de noviembre de 2009

~Con la mente en las nubes~




~Con la mente en las nubes~

Estas en clases, ves al profesor explicar una materia que sabes saldrá en tú exámen, tus compañeros toman notas concentrados, pero por más que lo intentas, solo vez aquel profesor moviendo los labios, diciendo algo incomprensible. Suspiras y vuelves a tú mundo, en donde existes tú y esa persona especial que desde que conociste no abandona tu cabeza, sonries al recordar ese encuentro, pero algo no cuadra, tu principe azul no tiene canas ni arrugas y sus ojos definitivamente no son negros, frunces tu ceño y ladeas la cabeza ligeramente.

-Al parecer la señorita aqui presente no a puesto atención en clases- Dice alguien con voz ronca y dura, levantas la vista y horrorizada te das cuenta de que estabas, no frente a tu principe, sino que frente al profesor más severo. Te sonrojas y dices que no volverá a pasar mientras bajas la vista y comienzas a tomar apuntes, eso te pasa por estar con la mente en las nubes.

Safe Creative #0911224950111

martes, 3 de noviembre de 2009

Llegaremos a tiempo ♬


Llegaremos a tiempo - Rosana

Si te arrancan al niño, que llevamos por dentro,
Si te quitan la teta y te cambian de cuento
No te tragues la pena, porque no estamos muertos
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.

Si te anclaran las alas, en el muelle del viento
Yo te espero un segundo en la orilla del tiempo
Llegarás cuando vayas más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo

Si te abrazan las paredes desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la respiración
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón.

Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo, te eche un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar.

Si robaran el mapa del país de los sueños
Siempre queda el camino que te late por dentro
Si te caes te levantas, si te arrimas te espero
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.

Mejor lento que parado, desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la imaginación
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón.

Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo te eche un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar.

Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo.

Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegarás cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo. ♬

lunes, 2 de noviembre de 2009

~Baile de Máscaras~



Llega la noche y junto a ella una invitación "... Cordialmente invitada a baile de máscaras a realizar... Esperamos su asistencia..." ¿Quien habrá sido? Me siento nerviosa, tenia una noche entera para pensar. Al día siguiente comencé a buscar algún traje o vestido adecuado para tal velada... Finalmente encuentro algo perfecto, es indigo, largo, de época antigua y simplemente perfecto. Junto a el hay un hermoso antifaz, como si estuviese esperando a que solo yo llegara. Habia encontrado el adecuado.

Llegó la noche siguiente y esperaba ansiosa por aquel auto que me llevaria a una noche de ensueños. Un golpe en mi puerta me sacó de mis pensamientos. Tomo aquel antifaz y mi pequeño bolso y salgo, quedando atónita al abrir la puerta de mi casa. Una elegante limusina esperaba por mí. Subí abrumada, ¿quien se tomaba tantas molestias?

Despues de lo que solo me parecieron minutos habiamos llegado a nuestro destino. El chofer abrió la puerta y me ayudo a bajar. Frente a mí habia una hermosa mansión y muchas personas se encontraban charlando animadamente con sus antifaces puestos, parecia una de aquellas fiestas de mucho tiempo atrás. Avancé entre la multitud, pero contrario a lo que pensaba iba a sentir, me encontraba cómoda. El baile comenzó y como no tenia pareja me empezaba a retirar cuando tomaste mi mano. Me sobresalté, eras un desconocido pero en cuanto ví tus ojos mi corazón dió un salto, como si te conociera de toda la vida.

-¿Me permites esta pieza?- Preguntaste con tu voz suave, intenté responder pero ningún sonido salió de mi garganta, por lo cual me limite a asentir. En tus brazos me sentia comoda, como si fueras alguien a quien conocia. Pero nunca te habia visto. Bailamos por horas, sin fijarnos en nada más que en los ojos del otro. Finalmente el baile terminó y nos vimos obligados a parar.

-¿Quien eres?- Pregunté con la voz quebrada, no queria separarme de tí. Solo sonreiste y de pronto todo comenzó a desvanecerse, hasta quedar todo negro...

Sentí algo húmedo en mi mejilla, abrí los ojos y ví que me habia quedado dormida en el sofá y una lágrima rodando por mi mejilla, fruncí el entrecejo hasta que recordé. Todo habia sido un sueño, un hermoso sueño. Me encaminé hasta el balcón y justo en aquel momento una estrella fugaz paso. Cerré los ojos fuertemente y desee que todo lo soñado fuese realidad.

Safe Creative #0911034819974

domingo, 1 de noviembre de 2009

~ Una vez que te encontre ~




Caminamos por un parque, por unas calles, por la ciudad, en silencio, solo sintiendonos uno al otro. Deseo tomar tu mano desesperadamente, pero no sé si será lo correcto, quizás solo me ves como una amiga... Pero ¿quien me asegura eso? Oigo una voz en mi interior... ¡Arriesgate! ¿Le haré caso? Quizás esté en lo cierto, me acerco un poco más a tí, respiro profundamente, tú me miras, atento, ¿qué esperas? ¿qué espero yo? vuelvo a escuchar esa voz... ¡Hazlo! ¡Solo escucha tu corazón! Suspiro, bajo la mirada y tomo tú mano, cerrando los ojos. No siento como te acercas, aprietas mi mano ligeramente, alzo la vista y veo una hermosa sonrisa en tu rostro, tomas delicadamente mi rostro con tu mano libre y me besas, es suave, tan solo un simple roce, pero el cual dice muchas cosas.

Safe Creative #0911034819967