martes, 17 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, II ~

II

Tal y como Nicholas habia prometido aquella noche, siguió asistiendo a cada una de las presentaciones de Elizabeth, cada noche despues de cada presentación, le llevaba una flor distinta. Algo iba naciendo entre ellos, pero aún ella no aceptaba salir con él. Esa noche él la esperaba como siempre despues de cada presentación en las afueras del teatro, con un nuevo ramo de flores, esta vez iris blancos. Ella no tardó en acercarse al joven con su paso ligero y una sonrisa en su rostro, como cada vez que lo veia.

-Son para usted, querida Elizabeth- Dijo él inclinando su cabeza para hacerle entrega del ramo. Ella las aceptó contemplandolas con ternura para luego mirarlo, agradeciendole sólo con la mirada, perdiéndose en la de él.- ¿Esta vez aceptará salir conmigo?- Preguntó nervioso. Elizabeth puso semblante pensativo, fingiendo estar concentrada.

-Creo que si, ha venido aqui por muchas semanas, casi un mes. Creo que merece una oportunidad. Aún no pierde la esperanza y yo no se la arrebataré- Contestó ella. Él sonrió aún más y en un impulso la abrazó delicadamente, aspirando su aroma dulce, más que el de aquellas flores que le llevaba a diario. Ella al principio se tensó, no era algo que esperara, pero luego correspondió el abrazo, sintiendo como lo corazón palpitaba hasta casi salirse de su interior. Luego de unos segundos, él se separó de la bailarina.

-Lo siento, ha sido un impulso que no he podido reprimir, le ruego que me disculpe- Pidió él tropezando literalmente con cada palabra.

-Descuide, no me ha molestado- Respondió ella. Ambos se pusieron en marcha, Elizabeth lo seguia a él. Caminaron durante unos minutos por las calles de Broadway hasta llegar a un pequeño pero elegante restaurant en el cual Nicholas tenia reservación desde el primer día en que la habia visto y le habia pedido salir. Ella se encontraba sorprendida al percatarse del detalle, cuando sintió la mano de él posada suavemente en su brazo, avanzó hasta llegar a un privado en el cual habia otro ramo de iris blancos esperando en la silla de ella. Las tomó delicadamente y lo miró intrigada.

-Los iris blancos significan esperanza- Le explicó con una sonrisa mientras la ayudaba a sentarse y la acomodaba en su lugar para luego sentarse frente a ella.- Algo que he sentido desde que la he visto por primera vez.- Luego de eso quedaron ambos en silencio, tan solo contemplandose mutuamente, ambos sonriendo hasta que su hechizo fue terminado por el maître. Hicieron su pedido y mientras esperaban a que este llegara ella habló.

-¿Por qué no me cuenta algo de usted?- Preguntó con una pequeña sonrisa y la curiosidad brillando en sus hermosos ojos negros. Él sonrió melancólico antes de responder.

-Mi nombre es Nicholas Smith, pertenesco al ejercito y la primera vez que la ví acababa de volver de una misión. Todo habia estado rodeado por muerte y desesperación y necesitaba algo que me volviera a alejar de aquel mundo, algo que me diera esperanza, ahi fue entonces cuando usted ha aparecido en el escenario y como por arte de magia todo lo que habia vivido desapareció, quedando solo el brillo de sus ojos.- Explicó transformando su sonrisa a una de ilusión.- Estoy seguro que usted ha de haber recibido cientos de invitaciones como esta y que muchos hombres deben haberle dicho lo mismo, pero todo lo que le he dicho es con sinceridad- Agregó él tomando delicadamente una de las manos de ella que reposaban en la mesa.

-Le pido por favor que deje de tratarme de usted, me hace sentir vieja- Respondió ella sonriendo al ver su mano envuelta en las de él- Quizás esto lo sorprenda, pero nunca en mi vida antes habia escuchado tales palabras, me siento honrada, alagada y no creo que yo sea capaz de expresar tanto.- No pudo seguir hablando ya que habia llegado el pedido de ambos, dedicandose a saborear los platos que tenian delante de ellos y a contemplarse con una que otra sonrisa fugaz.

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1 comentario:

Mad Catt dijo...

Pequeña mony... Tienes que continuar la historia por favor. ¬¬ no puedes dejarme asi!