III
Cuando hubieron terminado de cenar, él la miró de manera intensa, sin borrar la sonrisa de su rostro, ella al percibir su mirada alzo la propia para encontrarse con aquellos ojos aguamarina, tan claros en esos momentos como el agua de un riachuelo. Se sonrojó al percibir aquella mirada, sonriendo timidamente.
-Bueno, te he contado mi historia, ¿cuando me concederás la felicidad de escuchar tú historia, querida Elizabeth?- Preguntó él. Ella suspiró largamente, su historia, no era alguna que la conocieran muchas personas, solo sus más cercanos y no completa, pero sentia que con aquel joven con quien compartia en esos momentos tenia algo especial, algo que la impulsó a contarle su pasado.
-Cuando era pequeña...
~ ~
Era una niña pequeña y menudita, de cinco años como mucho, aunque por su tamaño no lo pareciera, en esos momentos se encontraba en el salón de baile, contemplando extasiada a su madre danzar por el lugar, ensayando y enseñandole a ella los pasos básicos que debia aprender cualquiera que quisiese ser bailarina de ballet. La pequeña ponia todo su esfuerzo en ello, queria ser algún dia como su madre.
Cada noche después de los ensayos, sus padres la iban a arropar y para que ella se durmiera tranquila, su madre llevaba una pequeña cajita musical a la cual se le daba cuerda con una llave que custodiaba la pequeña Elizabeth desde que tenia memoria. Apenas sacaba la llave comenzaba a sonar una suave melodia, llenando el ambiente mientras que una pareja, una bailarina y su pareja danzaban girando al ritmo del acorde, asi ella lograba quedarse dormida, pensando en que algún día llegaria a ser como su madre y que encontraria a su pareja.
No habian pasado un par de años cuando la madre de Elizabeth comenzó a enfermar. La pequeña se quedaba con ella cuando podia y su padre la dejaba, habian palabras extrañas que ella no entendia, sabia que algo le pasaba a su madre, pero la palabra que escuchaba de los labios de los médicos no la comprendia, ellos decian algo de leucemia, ¿Qué era eso? ¿No habia cura para aquella cosa? ¿Por qué su madre cada vez estaba más débil? Tenia una imagen grabada en la mente, una noche, cuando se suponia dormia, se levantó al escuchar unos sollozos. Caminaba sigilosamente siguiendo aquel sonido, encontrandose en la puerta entreabierta de la habitación de sus padres. Ahí de pie se encontraba su padre y su madre sentada en la cama con su delicado rostro entre sus manos, pero eso no fue lo que la impactó, fue el hecho de que la hermosa cabellera de su madre, negra y sedosa en alguna ocasión, ya no existia. Su padre la abrazaba, murmurando que era lo mejor. Ella corrió de vuelta hasta su habitación, aterrorizada, ¿Qué habia pasado con el cabello de su madre? Desde ese día habia visto a su madre con la mirada apagada y con un pañuelo cubriendo su cabeza.
No duró mucho más, su madre cada vez estaba más débil hasta que un día ya no abrió más los ojos. Vió por primera vez a su padre quebrarse mientras que ella se abrazaba a su madre. Sollozando, pidiendole que volviera a abrir aquellos ojos tan similares a los suyos, mientras que su padre se abrazaba a ella murmurandole que ya no volveria.
~ ~
Una lágrima solitaria bajo por la mejilla de Elizabeth quien se encontraba sollozando.
-... Ese día me prometí a mi misma ser una bailarina exitosa, por mi madre... Sé que en el lugar que esté ella está orgullosa de mí...- Terminó ella, bajando la mirada. Nicholas la contemplaba con el corazón literalmente en sus manos, rodeó la mesa y se acuclilló a su lado, abrazándola. Ella se aferró a él y comenzó a botar todo aquello que sentia en ella, todo lo que estaba en su interior. Nunca habia compartido toda su historia con alguien, pero se sentia bien a pesar de todo, sentia que volvia a estar libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario