sábado, 21 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, V ~

V

Habian pasado unas semanas desde que ambos eran oficialmente pareja y eran felices como nunca antes lo habian sido. Un día se encontraban en la casa de Nicholas, escuchando un radioteatro cuando alguien tocó la puerta. Fruncieron el entrecejo y él se levantó para poder ver quien era. Al abrir la puerta se quedó congelado, era un mensajero del ejercito quien lo saludó como de costumbre al ver a alguien de rango superior, entregandole una misiva para luego despedirse con el mismo saludo marcial. Él respondió aquel gesto y cerró la puerta, mientras que abria aquella carta. Quedó paralizado ante lo que decia, solo mirando aquella carta.

Elizabeth se habia quedado en el sofá, esperando a que llegara su pareja, al ver que este tardaba en llegar se puso de pie y salió a buscarlo, no tuvo que caminar demasiado, lo vió de pie, en la puerta con una carta en las manos y la mirada fija en esta, se acercó sigilosamente y suavemente habló.

-¿Qué sucede, Nich?- Preguntó preocupada, él alzó la vista con tristeza.

-Me han llamado del ejercito, tengo que servir nuevamente al pais en la guerra que en estos momentos se desarrolla- Le comentó en voz baja, ella lo miró sin creer lo que él le decia.

-¿Tienes que ir?- Preguntó mirandolo con voz ahogada. Él asintió- ¿Cuando...?

-En tres dias más- Fue la respuesta de él, ella solo corrio hasta él, abrazándolo fuertemente y sollozando en su pecho.

-No quiero que te pase nada, quiero que vuelvas- Murmuró ella aferrandose a él, Nicholas la abrazó besando su coronilla.

-Tranquila, cariño, seria capaz de ir al infierno y volver si se trata de tí- Contestó él llevandola hasta el salón, ahí tomó una decisión, era algo que habia pensado hacia días atrás, pero que no habia tenido el valor de preguntarlo. Cuando Elizabeth se hubo tranquilizado él la sentó en el sillón y le sonrio apenas- Dame unos segundos, que volveré enseguida- Le pidió mientras rápidamente subia las escaleras y volvia en menos de un minuto para arrodillarse frente a ella.- Mi querida Beth... Para que veas que hablo en serio quiero pedirte algo... Para que sepas que volveré junto a tí... Por favor, ¿me harias el honor y la alegria de ser mi esposa?

Nuestra bailarina quedó impactada ante la petición, parpadeando sorprendida, ¿Lo decia en serio? Volvió a quedar sin palabras, sin saber qué responder al igual que aquella vez, la primera que se besaron. Sonrió y asintió con la cabeza.

-Por supuesto que sí- Respondió ella derramando lágrimas de felicidad. Él abrió la cajita que tenia en sus manos y de manera delicada le puso un anillo con una pequeña y sencilla piedra del color de los ojos de él, para luego depositar un beso en su mano.

-Con este anillo y por nuestro amor, Beth querida, te prometo que volveré a tí, cueste lo que me cueste y que apenas llegue de vuelta de aquel lugar al cual debo ir, me casaré contigo- Le prometió mirandola con el fervor de un devoto a su dios. Ella lo atrajo hacia si misma y lo besó, transmitiendole todo aquello que sentia y entregándose por completo a él.

Los tres días se cumplieron y ella lo acompañó hasta la base, en donde se embarcaria camino a la guerra, aquella guerra que robaba vidas, pidiendo internamente a su corazón que su amor volviera. Ahi se despidieron, guardando la esperanza de volver a verse en un futuro ojalá próximo para asi formar la familia que él habia prometido. Se besaron con pasión, pero no como una despedida, sino que con un hasta pronto, cuidate, volveré por tí. Elizabeth se quedó ahi, viendo como Nicholas desaparecia en aquel mar, sin despegar nunca su vista de él hasta que la embarcación se perdió de vista.

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