domingo, 22 de noviembre de 2009

~ El soldado y la Bailarina, VII ~

VII

Tenia que compartir aquella alegria con alguien, sabia que obtendria el apoyo de sus amigas por lo cual un día en la tarde las invitó a tomar té. Estaba emocionada y sus amigas lo notaron al instante, pero no lograban adivinar por qué.

-Vamos Eli, dinos a que se debe esa sonrisa de felicidad que tienes, ¿es que acaso conociste a alguien?- Preguntó Anabelle, una hermosa francesa de cabellera color caoba, mirandola sonriente.

-¡Por supuesto que no, Belle! ¿Como osas decir eso? ¡Soy una mujer comprometida!- Exclamó Elizabeth restregandole el anillo en la cara en forma de broma.

-¿Entonces qué es?- Preguntó Daphnée quien era la hermana menor de Anabelle. Nuestra bailarina empezó a retorcerse las manos nerviosa. Sabia que sus amigas no la juzgarian y que la apoyarian, pero aún asi tenia miedo.- ¿Qué sucede, cariño? Te has puesto pálida... Vamos, sabes que puedes contar con nosotras, ¿cierto?- Volvió a preguntarle mientras le acariciaba el cabello de una manera maternal. Elizabeth suspiro cerrando los ojos para darse fuerzas.

-Estoy esperando un hijo de Nicholas- Murmuró bajito, sus amigas se tuvieron que inclinar para oirla bien. Silencio. Ella alzó la vista para encontrarse con la mirada de las dos mujeres, sin saber como interpretarlas.

-¿Estas completamente segura?- Preguntó Anabelle. Ella asintió.

-Lo comprobé hace unos dias atrás- Confirmó. Sus amigas la abrazaron, felices.

-¿Sabes que la gente hablará?- Preguntó luego Daphnée, tomando una de las manos de Elizabeth entre las de ella.

-Si, lo sé, pero no me importa, este bebé es fruto del amor que nos tenemos- Contestó con firmeza.

-Te apoyaremos en lo que sea, cariño, cuentas con nosotras... De hecho en este mismo momento iremos a casa a buscar nuestras cosas y nos quedaremos aqui hasta que llegue tu Romeo, ¿O crees que te dejaremos sola y en paz?- Dijo Anabelle con un tono que no admitia réplica. A Elizabeth no le quedó otra que sonreir y asentir, le haria bien un poco de compañia.- ¿Le enviarás una carta contandole las buenas nuevas?

-No, le mandaré una carta, si, pero no contandole, no es algo que podria decirle mediante una carta, cuando llegue lo verá por si mismo- Contestó ella serena antes de dirigirse a su escritorio y comenzar a escribir aquella misiva.

A medida que pasaban las semanas, su vientre crecia cada vez más y en el transcurso de ese tiempo habia recibido un par de cartas más de Nicholas comentandole que todo iba bien y con calma. Al no tener ya la misma habilidad que antes para danzar debido a su estado, dedicaba su tiempo libre a leer, mientras esperaba alguna noticia de su amor. Ya era un hábito el hecho de revisar siempre las bajas y cuando alguien tocaba la puerta, se levantaba rauda para ver quien era, sus amigas para aligerar la tensión solian bromear con que aún en ese estado, cada vez que se paraba hacia competencia con un resorte.

~ ~

Nicholas se encontraba dichoso cabalgando, con una de las tropas a su mando, mientras recordaba una carta que habia recibido de su prometida, cada vez que tenia un momento libre se sentaba y leia aquellas palabras que lo animaban y le daban fuerzas para seguir adelante, con ganas de volver. Se encontraba en ello, abstraido en su mundo que no escuchó los gritos de advertencia hasta que sintió una punzada en el bajo vientre. Sorprendido bajó la vista y vió como su ropa rápidamente tomaba un color rojo, entretanto el caballo por los fuertes ruidos comenzo a relinchar. Perdió el equilibrio y cayó de este bruscamente, sintiendo como un dolor lo atravesaba por completo. Lo ultimo que escuchó antes de caer en la negrura fue su nombre de manera lejana.

Elizabeth se encontraba con sus amigas comentando algunas novedades que habian en el teatro cuando una punzada la hizo doblarse en dos, un dolor profundo la atravesó sin razón aparente. Las chicas saltaron inmediatamente a su lado, preguntandoles qué pasaba, la recostaron en la cama, comprobando que todo estuviera bien y mientras una la calmaba, la otra le llevaba un agua con ázucar para que bebiera.

-¿Qué sucede, Eli?- Preguntó Daphnée dándole de beber de a pequeños sorbos.

-Nicholas- Susurró de pronto Elizabeth, poniendose de pie. Sus amigas la miraron confundida.

-¿Qué con él?

-Algo le ha sucedido, estoy segura- afirmó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Oh cariño, tranquila que él a de estar bien, ¿Por qué dices que algo le ha sucedido?- Preguntó Anabelle, abrazandola de manera delicada, mientras le acariciaba el abultado vientre el cual ya estaba completamente redondeado y asi tranquilizarla.

-Porque lo he sentido, ¡No estoy loca!- Exclamó bruscamente, separandose de su amiga y caminando con paso firme hacia su habitación, en donde se recostó en su cama y comenzó a sollozar, hasta que quedó sumida en un sueño intranquilo.

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